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De “Asesino del Tambor” a hombre libre: el obscuro historial del padrastro de Ámbar

– Si tú quedaras en libertad, podrías volver a cometer el mismo delito ¿no?

– Si tú quedaras en libertad, podrías volver a cometer el mismo delito ¿no?

– Lo he pensado… Lo he pensado… También me he cuestionado, también lo he analizado y a ciencia cierta, no tengo la respuesta. No podría decirle: “No, es imposible que volviera yo a vivir una situación tan parecida”.

Si en un momento determinado exploté de esta manera frente a este tipo de situaciones, ¿explotaré nuevamente? Eso sí que es angustiante. Eso sí que es angustiante, porque eso demuestra que uno no se conoce.

La conversación tuvo lugar en 2006 y los protagonistas eran Carlos Pinto y Hugo Bustamante Pérez. El primero trabajaba para el exitoso programa televisivo Mea Culpa, mientras que el segundo se encontraba tras las rejas.

Un año antes de la grabación -que aún ronda por redes sociales-, Bustamante había asesinado a su hijastro y a Verónica, su pareja. Los estranguló, los golpeó brutalmente y luego los metió a un tambor de 200 litros de capacidad. Días después los enterró en el patio de una casa que había arrendado en Villa Alemana, región de Valparaíso, con el mismo dinero que le había robado a la mujer.

Su caso conmocionó al país por la frialdad con la que actuó, lo que le valió ganarse un capítulo en el espacio policial de Pinto. Y años más tarde, en 2016, causó indignación, al salir en libertad sin que incluso lo pidiera.

Hoy, su nombre volvió a tomarse la opinión pública: está acusado de asesinar a Ámbar, su hijastra, a quien se le perdió el rastro el miércoles 29 de julio pasado, justamente luego de visitar el domicilio del hombre.

Hasta este jueves poco y nada se sabía qué le pudo haber ocurrido, pero el panorama podría comenzar a aclararse. La Policía de Investigaciones concretó esta jornada la detención de Bustamente, al encontrarse restos humanos y de vestimentas en su vivienda, que de acuerdo a la PDI concuerdan con la niña desaparecida. Su madre confesó que él mató a Ámbar.

El trágico historial del Asesino del Tambor lo reconstruye BioBioChile.

El tambor
Para 2005, Álvaro Andrés Navarro Henríquez era fletero en la feria de El Belloto, un popular sector que forma parte de la comuna de Quilpué, aledaño a Villa Alemana. Estaba en sus faenas normales el 15 de enero de ese año, cuando cerca de las 09:00 de la mañana se le acercó un tipo bajito, maceteado, que le pedía ayuda con el traslado de dos sillones y un tambor.

La pega no parecía difícil. Tenía que ir desde la población Prat hasta Troncos Viejos, un trayecto de unos 15 minutos en vehículo, por lo que le cobró $3.500. El desconocido al contrario le alcanzó amablemente $5 mil.

Al llegar al primer domicilio, le dio las instrucciones para comenzar a cargar a su camioneta lo solicitado. Y salvo que del tambor salió un polvo blanco que expedía un olor insoportable, no hubo nada que le llamara la atención. Era anti-oxidante para papas fritas, le hizo saber el hombre antes de estirarle la mano con el dinero.

Todo bien, un trabajo más… a no ser porque varios meses después debió testificar en un juicio contra el mismo hombre a quien había ayudado con sus servicios y que resultó ser Hugo Bustamente, un doble homicida que por ese entonces se tomó las portadas de los periódicos y la agenda de canales de TV.

Eugenio y Verónica
Una semana antes del encuentro con el fletero, Bustamante -nacido en Quilpué en 1965- no era de los que podía dar más dinero del que le pedían. Por el contrario, atravesaba un complejo escenario financiero, quizás motivado por su asiduas visitas a prostitutas y el consumo del alcohol y drogas.

Su realidad distaba de lo que vivía Verónica, su pareja, a quien recién le habían pagado parte de su casa. Pese a que no estaba muy convencida, la mujer decidió vender el inmueble, motivada por Bustamente quien le había pedido insistentemente que lo hiciera.

Él creía que una vez concretada la transacción le llegaría parte del dinero, pero no fue así. La principal motivación de Verónica -una educadora de párvulos- era darle un buen pasar a su hijo Eugenio, así que alejó el dinero del hombre y lo escondió.

“Era consentidora y cariñosa con el niño, todo era para él, para asegurarle su futuro”

  • Extracto de declaración de Betsabé, amiga de Verónica

Las constantes negativas de ella para entregarle parte de la plata terminaron por sacarlo de quicio y el 8 de enero de ese año la encaró violentamente en el dormitorio que compartían.

Lo que partió como una discusión por el dinero, se tornó en un sangriento crimen: primero la estranguló y degolló. Luego, para asegurarse de que su cometido estaba completo, la golpeó con un bastón de madera en todo el cuerpo y le introdujo al interior de su boca un trapo de género rojo.

El pequeño Eugenio -de entonces 9 años de edad- se percató que algo pasaba y fue hasta el cuarto a ver que todo estuviera bien. Lejos de eso, se encontró a su padrastro en medio del ataque. El niño se abalanzó sobre él, pero nada pudo hacer y corrió la misma suerte: el hombre le tapó la boca con una mano para que no gritara y con la otra lo estranguló hasta la muerte.

También lo golpeó con el mismo bastón en todo el cuerpo y -para cerciorarse una vez más que sus víctimas no seguían respirando- las amarró de pies y manos y les envolvió la cabeza con un plástico alusa.

El llamado anónimo
Ahora venía la segunda parte del crimen: deshacerse de los cuerpos. Para ello, el asesino los introdujo en un tambor metálico de 200 litros de capacidad y luego lo llenó de agua, cal y yeso para simular el hedor.

Así dejó los cadáveres hasta esa mañana del 15 de enero de 2005, cuando pidió la ayuda de Álvaro, el fletero, para llevarlos a la nueva casa que había arrendado con el dinero de Verónica que encontró tras darle muerte.

Una vez instalado en su nuevo domicilio, Bustamente buscó un lugar en el patio y enterró el tambor. Su suerte, sin embargo, duró sólo 10 días, pues el 25 de ese mismo mes personal de la PDI recibió una llamada anónima que fue clave para descubrir lo ocurrido.

“Este señor era muy violento en el trato, la mandaba, le exigía cosas. No miraba a la cara, era huidizo, esquivo”.

Extracto de declaración del hermano de Verónica

El hallazgo
El aviso lo recibió el subcomisario de la Policía de Investigaciones, Hugo Carreño Wittig, quien a eso de las 16:00 escuchó que del otro lado del aparato una voz le informaba que conocía a Bustamente y que éste había enterrado un tambor “en el patio sur-poniente de la propiedad”.

Inmediatamente los detectives tomaron contacto con el hermano de Verónica, quien les señaló que hacía 20 días nada sabía de ella. Lo poco y nada que conocía a esas alturas era que había vendido una propiedad y manejaba una fuerte suma de dinero.

Los funcionarios pensaron rápidamente que podía tratarse de homicidio, así que a través de la Fiscalía de Villa Alemana gestionaron una orden de ingreso y registro para el domicilio de Bustamante.

Por algunas horas estuvieron de punto fijo, hasta que se les informó que un hombre bajo y macizo salía de la morada. Con él fuera de la casa, los policías saltaron la reja y se adentraron en la propiedad deshabitada.

Se acercaron a la cocina y desde afuera percibieron un olor a putrefacción. Miraron el patio y se percataron que había tierra removida en el patio, con baches y montículos. No muy lejos encontraron tres chuzos, dos palas, un saco de yeso y una posible excavación. Poco a poco fueron saliendo un calzón, un short y una polera sin mangas. Luego, aparecieron los cuerpos.

En las afueras, el Asesino del Tambor retornaba a la casa cuando fue abordado por la PDI. Los funcionarios le preguntaron qué tenía en el patio y la respuesta -según se lee en los archivos judiciales- los dejó estupefactos: en forma libre y espontánea, les dijo que tenía enterrados a su conviviente y al hijo de ella.

De asesino a hombre libre
Una vez detenido, el sujeto narró con lujo de detalles el crimen, lo que no dejó dudas en el juicio que se llevó a fines de 2005. En la oportunidad fue condenado a dos penas que en total sumaban 27 años. La sanción debería haberse cumplido el 26 de enero de 2032.

Pese a la determinación del Tribunal de Juicio Oral en Lo Penal de Viña del Mar, al cumplir 11 años de encierro y en contra del informe de Gendarmería, Bustamante quedó libre en abril de 2016.

“Interno que requiere de intervención y un mayor periodo de observación intrapenitenciaria, ya que las variables psicosociales determinan un pronóstico incierto (…) NO SE RECOMIENDA OTORGAR LIBERTAD CONDICIONAL”.

  • Extracto del informe de Gendarmería

La decisión pasó por la jueza presidenta de la Comisión de Libertad Condicional, Silvana Donoso, y causó indignación.

Parlamentarios de diferentes sectores políticos manifestaron su rechazo a la medida y pidieron que se aclararan los criterios usados para otorgar este alto número de libertades condicionales.

Desde el Gobierno, en tanto, también criticaron lo ocurrido. El subsecretario de Justicia de la época, Ignacio Suárez, aseguró en 2016, en conversación con Radio Bío Bío, que “lo que hace Gendarmería es proponer y dar informes que pueden ser favorables o desfavorables”.

“En el caso de la comisión de Valparaíso (…) nosotros dimos informes desfavorables en 523 casos. Los postulantes fueron 845, por lo tanto, nos llama la atención que esos 523 casos que habían sido declarados desfavorables no hayan sido tenidos a la vista por parte de los tribunales”, aseveró.

Precisamente la Justicia pasó de dar menos del 10% de las libertades, a aceptar el 90% de las solicitudes ese año. Entre ellos estaba Bustamante.

Los vecinos
Una vez que se conoció la libertad del homicida, los vecinos de este último tomaron medidas: los niños ya no salían a jugar y armaron un grupo de WhatsApp para seguirle los movimientos.

Esto último se sabe por un extenso reportaje publicado por la revista Sábado de El Mercurio, a los pocos meses de que el homicida volviera a caminar por las calles de la región de Valparaíso.

“Trato de ser una persona buena. Pero del momento que hice lo que hice no soy un bueno. No soy bueno, po”, les dijo a los periodistas en la oportunidad.

“Yo estaba postulando a la dominical, pero a cambio llegó a la libertad. Lo primero que dije fue “¿yo?”, “¿cómo?”, contó respecto de cuando le concedieron la libertad condicional.

Hoy, Bustamente quedó nuevamente tras las rejas. Todo apunta a que el Asesino del Tambor volvió a atacar. Y mientras se espera una sentencia que ratifique su participación en el crimen, la ciudadanía se manifiesta en Villa Alemana, se indigna y vuelve a cuestionar el sistema judicial… que también le falló a Ámbar.

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